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 ‘De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak’

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Marcelo,El Argentino
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MensajeTema: ‘De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak’   Dom Ago 14, 2011 4:11 pm

‘De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak’

De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak. La verdadera historia secreta de España y Estados Unidos (Destino, Barcelona, 2011) es un libro escrito a caballo de Nueva York, Washington, Madrid y Barcelona. Lo empecé oficialmente en el otoño de 2009 –aunque sin saberlo llevaba trabajando en él desde mucho antes- y ve la luz este 17 de mayo. Ha sido, es, una aventura que me gustaría compartir con vosotros. Ofreceros no sólo un avance sino una idea clara de lo que podéis esperar de su lectura.


Portada del libro de Anna Grau.

El libro nace a partir de dos curiosidades, o quizás de dos morbos, que se cruzan en el tiempo y en el espacio. Desde el momento en que me veo viviendo y trabajando en Nueva York, donde en los últimos años he sido corresponsal de ABC, comprendo que se me presenta una oportunidad única de echar un vistazo a los archivos secretos del imperio. Periódicamente en Estados Unidos se desclasifica material reservado y, aunque no se desclasifique, hay mecanismos legales para obtener papeles de la CIA, del Departamento de Estado, etc. Son mecanismos tramposos y extenuantes, diseñados para ser muy disuasorios, pero eso a veces es una escuela de perseverancia y de ideas claras.

Porque esa es la otra parte: saber qué buscar. Si el hecho de estar físicamente en Estados Unidos me facilitaba el acceso a los archivos, el hecho de venir de Europa me proveía de un punto de partida. De un background previo a explorar.

Hurgando en la herida antiamericana

Por ejemplo yo llego a Estados Unidos en mayo de 2005, en plena Administración Bush, cuando las heridas de la guerra de Irak (también las políticas) están en carne viva. En España el sentimiento antiamericano es rampante, aunque no nuevo, pues es un sentimiento que viene de antiguo. Se alimenta de ideas distintas sobre muchas cosas pero también de agravios objetivos y subjetivos y hasta de negras sospechas, que no por no haber sido jamás confirmadas van a decaer fácilmente. Por ejemplo la sospecha de que la CIA tuvo algo que ver con el atentado que el 20 de diciembre de 1973 acabó con la vida del almirante Luis Carrero Blanco (algo que mucha gente les agradecería) o que más tarde pudo avalar la intentona golpista del 23-F (algo que ya no se les agradece tanto).

Pensando en todo esto en 2005, cuando en España estaban en pleno apogeo las conspiranoias sobre el 11-M, a mí se me ocurrió que podía ser interesante explorar la horquilla comprendida entre la muerte de Carrero y la matanza de Atocha, dos atentados en cierto modo simétricos, por dudosos: en 1973 ETA tuvo que defenderse de la acusación de NO haber matado a Carrero (no ella sola, por lo menos), mientras que en 2004 se la acusó de un crimen que no había cometido.

Me lancé a investigar estas cosas y fue como ser un gato –la gata sobre el teclado- y hundir las zarpas en una madeja. Súbitamente me vi enredada en datos y más datos, historias y más historias, a cual más apasionante, y ya no pude salir. Ya no pude dejarlo. Me vi metida de cabeza en una aventura de redescubrimiento de una historia reciente que se da por sabida pero que sigue conteniendo lagunas clamorosas –algunas a la vista de todo el mundo, qué se le va a hacer- y que sigue dando no pocas sorpresas.

El resto es literatura…hasta cierto punto, porque, aunque yo estoy encantada de que la gente me diga que el libro es muy ameno y se lee como una novela, la verdad es que no lo es. Como tampoco es un libro de ensayo en el sentido en que esto se suele entender en España. En el libro hay muchas ideas, pero no es un libro ideológico. Ni de mera opinión. Es sobre todo un libro de hechos. Todas las conclusiones a las que llego están refrendadas por documentos. Por papeles que avalan lo que digo. No es una cuestión dialéctica, es la pura y dura realidad. Es la pura y la dura realidad la que me llega a concluir que a fin de cuentas los americanos NO mataron a Carrero Blanco (el título del libro es y pretende ser irónico) ni tuvieron tampoco nada que ver, lo siento, con el 23-F. Pero en fin, sí hicieron otras cosas. Pasen y lean.

Un WikiLeaks vintage

Una última advertencia: hay quien dice que mis papeles le recuerdan a una WikiLeaks “de época”, y es verdad que hay cierto paralelismo entre mis cables confidenciales de los años 50, 60, 70 y 80 y los más recientes que ha hecho públicos la organización dirigida por Julian Assange. Quizás la mayor diferencia sea que mis documentos están matizados por el paso del tiempo y la posibilidad de comprobar si lo que allí se decía ha acabado siendo más verdad o menos. Como dice Bill Keller, de The New York Times, el trabajo del periodista y/o del investigador ante un material como el de WikiLeaks es proveer lo que a WikiLeaks le falta: “matices, contexto y escepticismo”.

Lo cual no significa que no haya que reconocerle al césar lo que es del césar. En los últimos capítulos he incorporado varias revelaciones de WikiLeaks, especialmente sobre las relaciones entre Zapatero y los gobiernos Bush y Obama. Algunas de esas revelaciones eran bien conocidas en España, otras se conocían mal y otras no se conocían en absoluto, incluso si los cables confidenciales habían salido en la prensa. Por desgracia habían salido en inglés. Y la mayor parte del público sólo supo de ellos lo que cada periódico consideró oportuno destacar y dar a entender, en uso de su derecho, muy legítimo, a tener su propia línea y hasta intereses editoriales. Yo he tratado de iluminar algunos puntos ciegos.

Lo que sigue es una selección de fragmentos que espero que resulten apetecibles. También, al final del post, un link a la lectura de un capítulo completo sobre una de las iniciativas españolas que más impacto han tenido en Estados Unidos: el caso Pinochet (*)



George Friedman, presidente de Stratfor Forecasting Inc, una especie de CIA privada, era uno de los personajes clave. En la foto, un momento de mi conversación con él en el Waldorf Astoria de Nueva York. / Javier Lucas
“Entre 1943 y 1944 cae sobre la España neutral una auténtica plaga de langostas de espías norteamericanos. No mandan precisamente a la flor y la nata. (…) En Washington llaman gente a capítulo constantemente. Especial rapapolvo se lleva un tal Joseph Define –apodado en España Pepe el de la Gasolina- que es retirado del servicio por sus desmesuras económicas y por las insensateces que hace, sobre todo cuando se encuentra en compañía femenina. Algo similar ocurrirá con un petroleum attaché llamado Victor M.Hodge, acusado de “conducta irregular e indiscreta con mujeres”. (página 155)

“En los archivos de Estados Unidos se conservan indicios documentales de que las redes alemanas en España trataron de poner a salvo suficientes dirigentes alemanes como para mantener “viva” la semilla nazi en el mundo”. (página 161)

“Por lo que sea no hay peligro de que las células españolas pro-nazis en Nueva York se reúnan en bibliotecas, en el parque o para ir a misa. Los vigilantes americanos constatan en cambio su extraordinaria querencia por el cabaret El Chico en Greenwich Village, regentado por un tal Benito Collada, anfitrión habitual de los franquistas desperdigados en la Gran Manzana. También están The Fornos en la calle 52 y el Cabaret Havana Madrid en Broadway, aunque en este último los camareros están divididos entre falangistas y republicanos”. (páginas 161-162)

“A ETA Carrero Blanco le parecería lo bastante terrorífico como para montarle un atentado de película. Pero a Estados Unidos más bien les daba risa. “No es demasiado inteligente”, anotan de él en un documento de 1968, donde también hacen constar con cierta guasa la dificultad para negociar nada en Madrid durante la Semana Santa, cuando el jefe del Estado franquista y todo su aparato se ausentan espiritual y físicamente”. (página 29)

“En mayo de 1973 saltan las alarmas con motivo de un viaje a Washington y Nueva York de la nieta de Franco, Carmen Martínez Bordiu, y su marido Alfonso de Borbón, duque de Cádiz, primo de Juan Carlos y posible entrometido sucesorio. Cruzan el Atlántico varias advertencias y telegramas que llevan a tomar varias medidas de alcance. La primera, poner al mismísimo Servicio Secreto de Estados Unidos –el que responde de la seguridad del presidente- a seguir a todas partes a los duques y a velar porque no les pase nada a manos de algún superviviente exaltado de la Brigada Lincoln”. (página 36)

“Estados Unidos burla la prohibición de usar las bases españolas en la guerra [árabe-israelí de 1973] fingiendo aterrizajes de emergencia que no lo son, invocando amenazas soviéticas inexistentes o, simple y llanamente, no dándose por enterados de que el gobierno español les ha prohibido usar las bases. Esta estrategia queda registrada en comunicaciones de la embajada de Estados Unidos en Madrid y del Departamento de Estado, donde se razona que el gobierno español ha prohibido el uso de las bases de cara a la galería, para quedar bien con los países árabes, pero no va a poner ningún empeño especial en comprobar si los americanos cumplen o no cumplen. Kissinger en persona da la orden de tirar por el camino de en medio. Y ordena que si hay lío que le avisen, que él ya se encarga”. (página 33)

“Pues el mismo sistema que tan bien funcionó en los años setenta con el franquismo rige a partir de 2004 con el zapaterismo, y casi con el mismo lenguaje. En comunicaciones internas de la embajada vuelve a aparecer el recordatorio de que siempre se pueden invocar los aterrizajes forzosos para justificar cualquier contrariedad. Por su parte, la Moncloa renuncia a usar ni los más elementales mecanismos de comprobación. Mantiene la autorización global para los vuelos –incluidos, como hemos visto, los que van y vienen de Afganistán y de Irak-, lo cual equivale a firmar un cheque en blanco”. (página 382)

“La alargada sombra de Bienvenido, Míster Marshall planeará hasta el final. El 10 de noviembre de 1972 el presidente de la Diputación de Vizcaya escribió al de Estados Unidos dándole la jubilosa noticia de que ambos eran calcados físicamente, que todo el mundo le felicitaba por ello y que nada le haría más feliz que recibir una foto dedicada de su gemelo facial y en espíritu, Richard Nixon. En 1973 será el alcalde de Alcobendas, Tomás Páramo, quien se arranque concediendo a Nixon la Medalla de Oro de la Paz del pueblo; cree que hay que aprovechar la milagrosa coincidencia de la fiesta del Santo Patrón de Alcobendas con la declaración del armisticio en Vietnam. ¡Vietnam has been on the minds of all of us! (Vietnam ha estado en la mente de todos nosotros), exulta el alcalde Páramo. (página 222)

“Un informe de la CIA de noviembre de 1974 culpa a la incapacidad del franquismo de resolver las aspiraciones vascas al autogobierno de la emergencia de ETA, y hace votos porque no surjan movimientos de emulación en Cataluña. También se da por hecho que el ejército será el árbitro último de la Transición española, aunque no se espera que lo sea de una manera tan agresiva como en Portugal”. (página 102)

“Los hombres del PNV aconsejan a Estados Unidos [después del 23-F] no dar importancia a la tregua de ETA porque, en su opinión, los miembros verdaderamente “duros” de la banda terrorista no se van a rendir ni ahora ni nunca. Pero eso no es problema, les tranquilizan, porque el PNV les tiene perfectamente controlados, sabe perfectamente quiénes son y dónde están y propone simplemente eliminarlos llegado el momento”. (página 111)

“Donald Rumsfeld en persona me reconoció que Estados Unidos se había equivocado en Irak”. Esta impresionante frase fue pronunciada en 2009 ante la autora de este libro por un estrechísimo colaborador de Zapatero que conoció a Rumsfeld en el ejercicio de sus propias responsabilidades de gobierno. (página 350)

“Hay indicios de que Aznar ya temía que el PP pudiera perder las elecciones en España desde mucho antes del 11-M. Los mercenarios Nick du Toit y Simon Mann, condenados a duras penas en Guinea Ecuatorial por su implicación en un golpe de Estado fallido contra Teodoro Obiang en el primer trimestre de 2004, le aseguraron al reportero inglés James Brabazon que este golpe contaba con el apoyo del gobierno Aznar y que en parte fracasó porque se les urgió a adelantarlo para que fuese semanas antes de las elecciones en España”. (página 370)

“A los jefes de la policía de Nueva York les despiertan de madrugada en Manhattan con la noticia de los atentados de Atocha y en seguida tienen claro lo que hay que hacer. Despachan ese mismo día a varios agentes a Madrid (…) En cuestión de horas la seguridad de la ciudad de Nueva York ya había sido reforzada en función de lo que sus policías habían visto y oído en Madrid. Los agentes constataron que varios supervivientes de los trenes de Atocha reconocían haber detectado signos de anormalidad, aunque por distintas razones no dieran ningún aviso ni dijeran nada. Ese fue el origen del célebre eslogan “If you see something, say something” (Si ves algo, di algo) que desde entonces campea en el metro de la Gran Manzana. (página 369)

“Un informe de la CIA fechado el 15 de febrero de 2007 advierte del peligro que para la estabilidad política española supone que algunos miembros del PP “persistan en culpar a ETA de los atentados y en perseguir teorías de la conspiración, como se las llama en España, incluso cuando el juez ha descartado ninguna conexión de ETA y la policía no ha encontrado ninguna evidencia”. La CIA concluye que “el rencor sobre el 11-M está envenenando la atmósfera doméstica” y llevando a que la clase política española sea “de las más desacreditadas de Europa”. (página 375)

“Zapatero en persona llegará a presumir de su astucia nada menos que ante el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden. Estamos en abril de 2009 y los dos hombres se reúnen privadamente en Viña del Mar, Chile, para dar un repaso a las perspectivas de la relación bilateral en la era Obama. El análisis de Zapatero no tiene desperdicio: proclama que para él era muy fácil tratar con la Administración Bush, sólo tenía que adoptar la posición contraria a la que adoptara Washington, fuera la que fuera, para que su valoración en las encuestas subiera como la espuma. Por esto voy a estar siempre agradecido a la Administración Bush, zanja sarcásticamente el presidente español”. (página 383)


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